| historia |
En 1972, fecha
en que el mundo celebraba el año Internacional del
Libro, por decisión de la Asociación Internacional
de Lectura (IRA), Buenos Aires fue la sede del IV Congreso
Internacional de Lectura. Las deliberaciones giraron en torno
de un lema: lectura para todos. Su objetivo, según
el mensaje de la UNESCO a Ia IRA, era desarrollar hábitos
que pudieran integrar totalmente al individuo en el complejo
mundo moderno.A los inlercambios y a las conclusiones propias
de cada temática, se sumó un aconte-cimiento
de singular importancia: Ia creación de la Asociación
Argentina de Lectura.
Surgía por iniciativa de Ricardo Nervi, disertante
en el Congreso, compilador de la versión castellana
de las Actas de dicho Congreso y organizador del Pre-Congreso
Internacional de Lectura y de la Primera Muestra Retrospectiva
del Libro Argentina de Lectura, realizados en el lnstituto
Félix F. Bernasconi como tareas previas a tan significativo
encuentro.
Los comienzos de la Asociación
Argentina de Lectura no fueron fáciles No obstante,
en 1975, la primera Comisión Directiva convocó
a todo el país a Ias Primeras Jornadas Argentinas de
Lectura. Se afianzaban así las actividades de una institución
que, sin fines de lucro. con el esfuerzo desinteresado de
sus socios fundadores y Ios que se incorporaban paulatinamente,
se proyectaba en diversos lugares del país. |
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Sucesivas
propuestas originaron Ia creación de fíliales
y el interés cada vez más evidente de quienes
deseaban participar en el fomento, el estímulo y la
promoción de la lectura. Aquellos que dirigieron la
AAL en distintos períodos
o en las filiales o de quienes por su trayectona intelectual,
en estrecha relación con la lectura, presidieron congresos
o jornadas. Cada uno de estos especialistas representa, en
cierto modo, una Comisión Directiva, socios siempre
dispuestos a colaborar, una etapa de realizaciones.
Hicieron posible esta institución con desinterés
y como parte de un ideal educativo, Ricardo Nervi y sus presidentes:
Julia Polito Castro, Elena C. de De Vicenzi, Elsa Bessone
de Zuloaga, Juan Carlos Merlo y todos los integrantes de las
respectivas comisiones directivas. También se destacan
las valiosas colaboraciones de destacados socios como Maria
Hortensia Lacau, Mabel Manacorda de Rosetti, Ana María
Barrenechea, Berta Braslavsky, Maria Luisa Cresta de Leguizamón,
Luis lglesias, Alfredo Veiravé, Alejandro Doublier,
Maria Esther Grivot de Abate, fundadora del Banco de Horas
de Lectura.
Gracias, a los que creyeron y aun creen que son valiosos los
esfuerzos solidarios que, como en el caso de la
Asociación Argentina de Lectura, se vuelcan
al logro de una lectura para todos como un medio para ser
libres y afianzar la democracia.
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